Contexto:(La Historia)

El llamado a la hermandad religiosa, “Un estado de vida completo en sí mismo”, es una llamada al crecimiento de nuestra persona en su plenitud.

Utilizamos nuestros dones personales, aceptamos nuestras limitaciones y aprovechamos las oportunidades y desafíos para elegir los valores de vida con la intención de crecer hacia la madurez como personas balanceadas, íntegras e integradas.

La visión evangélica de la vida en su forma radical de votos es el centro de la vida religiosa, dándole significado y dirección. Cualquier seria disminución en vivir la visión evangélica en nuestra vida personal, comunitaria o en nuestros Ministerios, conduce a la muerte en vez de a la vida.

Reconocemos y aceptamos la verdad de nuestra fragilidad. Nuestros ojos han sido abiertos a nuestras deficiencias.

Aceptamos que esos aspectos de nuestra vida congregacional que no impulsan nuestro crecimiento humano, deben ser consideradas.

Nosotros como Hermanos reconocemos y compartimos nuestras debilidades y fragilidad y requerimos el crecimiento que el Dios sanador nos concede.

Dirección: (El Sueño)

Nosotros como Hermanos reconocemos y compartimos nuestras debilidades y fragilidad y requerimos el crecimiento que el Dios sanador nos concede. Creciendo a través de nuestra fragilidad.