Edmundo Rice un Hombre para Nuestros Días

 

 
La devoción a Edmundo Rice ha aumentado en los últimos años, de una manera muy singular.

Las distintas facetas de su vida tienen, para muchas personas, un interés, un tractivo muy particular:

Su vida familiar en su hogar en Callan y posteriormente en Waterford, Irlanda; los años de su vida de comerciante, como joven viudo preocupado por su hija discapacitada, apóstol de la juventud, como fundador de dos Congregaciones, la de los Hermanos Cristianos y la de los Hermanos de la Presentación, su apostolado por los pobres y abtidos, y su preocupación profunda por la juventud descarriada, lo han puesto como modelo para muchos.

Además, era un hombre de oración y de gran amor por la Biblia. Vivía los valores espirituales a un nivel heroico. No importaban las dificultades que

se le presentaban pues tenía una gran confianza en Dios. "La Providencia es nuestra herencia" era su lema.

Llevaba sus problemas al Señor Sacramentado. Durante toda su vida solía rezar el Santo Rosario y alentaba a los demás a imitarlo, tal como lo practicaba en familia en su hogar en Callan.

Edmundo era un empresario con una gran riqueza de dones, uno de los cuales era su capacidad de trabajo y de buena administración, lo cual le permitió lograr una fortuna.

Pero veía que las ganancias de los ricos eran el producto del sudor y de las necesidades de los pobres. Ello lo movió para emplear su fortuna en ayudar a los más necesitados con amplia generosidad, aún en sus pleitos legales.

Es, asimismo, modelo para los empresarios que, en esta sociedad secularizada y ávida de ganancias sin limites, tratan de encontrar una coherencia, un equilibrio justo entre la posesión de un gran caudal de dinero y el poder y la vivencia cristiana.

Cuando pensamos sobre Edmundo Rice y los pobres, estamos tocando el corazón mismo de Edmundo. Era singularmente compasivo y cuando reflexionaba sobre su vida y su ambiente, se preguntaba: "¿No podría ser diferente?"

A su alrededor veía miseria y desamparo. Se dispuso a alimentar y vestir a los pobres y, asimismo, darles una educación. Siempre estuvo pronto a socorrer y asistir a los presos y a los mas necesitados y solía reconciliar, a través de su trato afable y sus reflexiones, a las personas enemistadas entre sí.

La gente sabia que podía confiar en él porque encontraban al amigo que los entendía. Dio su vida
y todos sus bienes para ayudar a los pobres. Los niños necesitados eran la primera preocupación de Edmundo Rice.

Los llevaba a su escuela en Waterford para vestirlos y alimentarlos además de instruirlos. Vestir y alimentar era un gran acto de caridad, pero además les dio la capacidad de vestirse y alimentarse por ellos mismos, les daba un profundo sentido de su propia dignidad.



Nadie creía en la educación de los pobres. La consideraban una pérdida de tiempo. Edmundo Rice era más que un reformador social que levantaba colegios para los pobres; era sobre todo, un evangelizador.

Veía a Cristo en el rostro de los pobres. Hacía todo lo que podía para mejorar sus condiciones de vida pero sobre todo, que amaran y sirvieran a Dios. "Si él no hubiera tenido la convicción de que sus esfuerzos tendrían más que un resultado terrenal, no habría hecho tantos sacrificios durante toda su vida", dijo Edmundo Curtis.

Edmundo Rice tiene tanta importancia en el campo de la educación actual como la tuvo en el siglo pasado, pero en forma distinta. Los pobres en nuestras escuelas, los alumnos eran el principal objeto de atención de Edmundo Rice. Los pobres
con problemas emocionales, las familias y hogares deshechos, la extensión del materialismo y la erosión de los valores espirituales serían temas propios del corazón de Edmundo.

 

 

Nos lanza un reto con su pregunta: "¿Podría ser diferente?" Los padres y docentes que están en la tarea de preparar a los jóvenes para la vida, encuentran en Edmundo un gran héroe como ejemplo a seguir.

Alumnos con dificultades de aprendizaje o conducta, los sin techo, los inmigrantes, los niños de la calle y los marginados de la sociedad, ocupan un lugar especial en el corazón de Edmundo Rice. Será a ellos a los cuales tratará de mejorar sus vidas y de darles el sentido de su propia dignidad.

Padres con hijos discapacitados podrían identificarse fácilmente con Edmundo. Él vivió con su hija retardada por muchos años y le brindó todo el amor que pudo.

Su hermanastra Juana se ocupaba, en la misma casa de Edmundo, de atender cuidadosamente a la hija, María. No es de extrañar que tantos pueden identificarse con Edmundo Rice.

Nosotros podemos pedir su ayuda en el desenvolvimiento de nuestra vida diaria. No debemos olvidar de pedir vocaciones para que hayan más Hermanos Cristianos y pueda continuar la obra de Edmundo. Sus hermanos están esparcidos en los cinco continentes evangelizando como él lo hizo. Sin duda, Edmundo Rice es un hombre para nuestro tiempo.