
superficie de la llanura. Yavé me preguntó: "¿Piensas que podrán revivir estos huesos?" Yo le contesté: "Señor, tú sólo lo sabes." Entonces me dijo: "Habla de parte mía sobre estos huesos y les dirás: Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé. Voy a hacer entrar un espíritu en ustedes y volverán a vivir. Pondré sobre ustedes nervios y haré crecer carne y los cubriré con piel y pondré en mi Espíritu, de manera que vivirán y sabrán que Yo soy Yavé." (Ez 37, 1-6). Edmundo Rice, como un nuevo Ezequiel, con una verdadera visión y energía proféticas, haría entrar un espíritu nuevo en la población irlandesa, primero en la ciudad de Waterford, y luego, con los Hermanos, brindando educación y formación cristiana a todo el país y al extranjero. De esta manera surgió una nueva generación de irlandeses, recuperando su dignidad y orgullo perdidos. Con su gesta, Edmundo nos pone directamente frente al Evangelio y el sermón de la montaña. Él tomó absolutamente en serio el mensaje de Jesús, como si le hubiera sido dirigido personalmente a él. Lo asumió ad litteram et sine glosa, y procuró vivir con corazón generoso y alegre. "Felices los que tienen espíritu de pobre ...Felices los que tienen hambre y sed de justicia... Felices los pacientes... Felices los que son perseguidos por causa del bien... porque de ellos es el reino de los Cielos" (Mt 5. 112). "Ustedes son sal de la tierra... Ustedes son luz para el mundo... No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos de la casa" (Mt 13-16). Edmundo no dejó que nada le castrara la fuerza del Evangelio. Y el Evangelio era para él, sencillamente, la formula vitae. Ante Edmundo nos descubrimos letárgicos y viejos. Él aparece como lo nuevo y sorprendente, aunque viviera hace casi 200 años. Pero este sentimiento no es de amargura, porque su carisma y mensaje encierra tanta dulzura que el mediocre se siente invitado a ser bueno, y el bueno a ser santo. Nadie queda inmune a su enérgica y, al mismo tiempo, tierna convocatoria. La figura de Edmundo envuelve a sus Hermanos y seguidores en un círculo luminoso en el que descubrimos nuestra mediocridad y nuestra lentitud en responder a las llamadas y exigencias del Evangelio. El ejemplo de Beato Edmundo Rice provoca un impacto que no nos permite permanecer indiferentes ante la realidad del mundo. Cada hecho de su vida despierta en sus seguidores y asociados un serio compromiso que nos lleva a optar por el hombre y la mujer, por su dignidad, por sus valores, por sus problemas y esperanzas. De Edmundo aprendemos que nadie puede vivir su fe y engolfarse en el amor de Dios, al margen de la vida, de la historia de los demás." Se vive la fe y se ama a Dios desde Dios y desde los demás. La experiencia contemplativa se continúa con las experiencias del drama de la historia humana. Desde |
Dios se va a los hombres y mujeres, y en éstos se contempla y se pretende realizar el gran misterio del amor de Dios hacia la humanidad doliente y alejada de los caminos de la salvación" (RM, 91). Edmundo se convirtió en Evangelio Viviente, en Testimonio Transparente de Jesús a lo largo de su vida y de su obra. El Reino de Dios es la concreción de la suprema utopía, de Dios que habita en medio de sus justos; y Él mismo "enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Apoc 21, 4). Edmundo Rice anticipó esta utopía y dio pruebas de su verdad. Una buena época para ser Hermano... Hno. Hugo Cáceres, Lima He escuchado la expresión "esta es un buena época par ser Hermano" de varios religiosos cuando constatan las dificultades que presentan los tiempos modernos y el significado que adquiere nuestra vocación en ese momento; es decir ser Hermano tiene un sentido único y especial cuando las circunstancias históricas son de crisis, de agudos desafíos, de conflictos y apuros. Ser Hermano Cristiano alcanza su faceta más integral cuando la humanidad se acerca a ti con los brazos extendidos para encontrar un corazón misericordioso; es como si el lado más luminoso de nuestro ser brilla y resplandece de un modo único en medio de las tinieblas del dolor humano. Ya que nadie negará lo especialmente difícil que se manifiesta esta primera década del tercer milenio para la humanidad, creo que, sí, esta es también una buena época para ser Hermano... Pero este no es un descubrimiento de estos arduos tiempos postmodernos. Los inicios de la Congregación fueron especialmente difíciles; cualquier azote del presente ya tuvo su versión propia en los inicios del siglo XIX bajo los efectos de la política de Inglaterra, la pobreza en la época de Edmundo y durante los siglos anteriores y posteriores fue el resultado de una política deliberada. Un factor que empeoró mucho la situación fue el abandono del país de muchos de los terratenientes ingleses protestantes al principio del siglo XIX. Sólo les interesaba que les llegaran las rentas para que pudieran vivir cómodamente en! Londres. No hicieron nada para mejorar sus haciendas nii dieron posibilidades a sus inquilinos católicos para, mejorarlas. La única riqueza que tenía entonces el país fue el campo. Como consecuencia de esta situación se ocasionaron niveles de pobreza, enfermedad e injusticia nunca vistos antes. Voy a emplear algunas citaciones del libro Un árbol es plantado de M.C. Normoyle2, que en estos momentos está siendo traducido diligente y cuidadosamente por el Hermano Hubert Wall de la |
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