
Beato Edmundo Rice: hombre de DIOS y hombre del pueblo (a diez años de su Beatificación) A Dios le gusta habitar nuestra tierra. Busca un hombre o una mujer, un seguidor. Lo llama, lo cuestiona y reta para que deje su tierra y se ponga en camino. Dios no le revela su Proyecto. Porque el hombre o la mujer escogido tiene que hacer su camino al andar. Tiene que agudizar su oído a las mil llamadas de Dios. Le pide que, paso a paso, haga su historia. Se pone en camino, ligero de equipaje, sin saber dónde dirigir sus pasos. Es la hora en la que Dios pide, suplica, clama. |
inquebrantable confianza en el hombre y la mujer y en 1a bondad misericordiosa del Padre -su Providencia que nunca falla. Consiguientemente, fue capaz de exorcizar todos los temores y todas las amenazas, y superar todos los contratiempos y pruebas. Sin embargo, su fe y su vida espiritual no le alienó del mundo, ni hizo de éste un mero valle de lágrimas, sino que, por el contrario, lo transformó, mediante la solidaridad y la solicitud, en patria y hogar del encuentro fraterno. Buscaré a mis ovejas -dice el Señor--y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios" (Ez 34, 11. 23-24). Edmundo se encarga del cuidado de su pueblo. Cuando se piensa que la fortuna personal de Edmundo Rice ascendía |
Dios es también un paciente tañedor de flauta, acostumbrado a tocar en solitario. "Les tocamos la flauta y no danzaron" (Mt 11, 6), se quejaría Jesús. Pero un día, la invitación de la flauta llegó hasta una ciudad de Irlanda llamada Waterford, a un joven comerciante de la familia Rice. El nombre del joven era Edmundo. Tenía el oído despierto de discípulo, y los pies ligeros de atleta, habituados a recorrer las calles, caminos y campos de su tierra; y cuando oyó la melodía de Dios, se llenó de su ritmo y se puso a bailar, para asombro de los ángeles y la gente de su pueblo. |
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a 50.000 libras esterlinas (por lo menos 2 millones de dólares actualmente), puede valorarse el carácter heroico y cristiano de su decisión. Fortalecido por una vida de oración intensa, la lectura asidua y perseverante de la Biblia, y comprometido desde hacía mucho tiempo con los pobres y necesitados, no tarda ahora en dedicarse totalmente a Dios y al prójimo oprimido, en una actitud de fe, amor y servicio, para toda la vida. Bien pudiera comentar sus contemporáneos: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo" (Le 7, 16). "El pueblo de los que caminaban en la noche, divisaron una luz grande..." (Is 9, 1). La vocación y misión de Edmundo constituyó, en comienzos del siglo XIX, un asombroso |
Este hombre, recio y firme, noble y generoso, abre su corazón al Dios de la humanidad y le deja entrar en lo más profundo de su ser y de su vida. Porque Edmundo ha sentido y palpado dentro el amor de Dios y el clamor estridente de su pueblo, postrado en la miseria. Con los ojos cerrados, solo en su noche de profundo encuentro con el Padre, toma una decisión magnánima, y camina apoyado en el bordón tosco y desnudo de su fe. Este hombre, este exitoso comerciante y empresario, este Gigante de la historia irlandesa sólo sabe decir, con toda su carga y sinceridad proféticas: "Aquí estoy; Señor", y de ahí en adelante su pasión es cumplir la voluntad de Dios. La seriedad evangélica de Edmundo posee un aura de ternura y de encanto porque está profundamente imbuida de alegría, delicadeza, cortesía y humor. Hay en él una |
un asombroso signo de esperanza. Irlanda en esta triste época de su historia, era un país asolado por las guerras, conquistado y oprimido, postrado por la pobreza, agotado por el hambre y el sufrimiento, desprovisto de derechos - un país humillado y sin esperanza y cuyoespíritu estaba abatido y casi roto. Poco se manifestaba de la otrora raza celta, valiente y dotado, de un país que una vez se llamaba "La isla de los Santos y Sabios", cuyos misioneros evangelizadores recorrieron gran parte de Europa, y cuyos artistas y artesanos legaron al mundo joyas y tesoros de admirable belleza. Sí, Irlanda estaba tremendamente decaída. "Yavé puso sobre mí su mano, y su Espíritu me llevó, dejándome en una llanura llena de huesos. Me hizo pasar en todas direcciones en medio de ellos: los huesos, completamente secos, eran muy numerosos sobre la |
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