Beato Edmundo Rice: hombre de DIOS y hombre del pueblo (a diez años de su Beatificación)
Hno. Patricio Pávne. Moyabamba. Perú

A Dios le gusta habitar nuestra tierra. Busca un hombre o una mujer, un seguidor. Lo llama, lo cuestiona y reta para que deje su tierra y se ponga en camino. Dios no le revela su Proyecto. Porque el hombre o la mujer escogido tiene que hacer su camino al andar. Tiene que agudizar su oído a las mil llamadas de Dios. Le pide que, paso a paso, haga su historia. Se pone en camino, ligero de equipaje, sin saber dónde dirigir sus pasos. Es la hora en la que Dios pide, suplica, clama.

 

inquebrantable confianza en el hombre y la mujer y en 1a bondad misericordiosa del Padre -su Providencia que nunca falla. Consiguientemente, fue capaz de exorcizar todos los temores y todas las amenazas, y superar todos los contratiempos y pruebas. Sin embargo, su fe y su vida espiritual no le alienó del mundo, ni hizo de éste un mero valle de lágrimas, sino que, por el contrario, lo transformó, mediante la solidaridad y la solicitud, en patria y hogar del encuentro fraterno.

Buscaré a mis ovejas -dice el Señor--y suscitaré un pastor que las apaciente: yo, el Señor, seré su Dios" (Ez 34, 11. 23-24). Edmundo se encarga del cuidado de su pueblo. Cuando se piensa que la fortuna personal de Edmundo Rice ascendía

Dios es también un paciente tañedor de flauta, acostumbrado a tocar en solitario. "Les tocamos la flauta y no danzaron" (Mt 11, 6), se

quejaría Jesús. Pero un día, la invitación de la flauta llegó hasta una ciudad de

Irlanda llamada Waterford, a un joven comerciante de la familia Rice. El nombre del joven era Edmundo. Tenía el oído despierto de discípulo, y los pies ligeros de atleta, habituados a recorrer las calles, caminos y campos de su tierra; y cuando oyó la melodía de Dios, se llenó de su ritmo y se puso a bailar, para asombro de los ángeles y la gente de su pueblo.

 

a 50.000 libras esterlinas (por lo menos 2 millones de dólares actualmente), puede valorarse el carácter heroico y cristiano de su decisión. Fortalecido por una vida de oración intensa, la lectura asidua y perseverante de la Biblia, y comprometido desde hacía mucho tiempo con los pobres y necesitados, no tarda ahora en dedicarse totalmente a Dios y al prójimo oprimido, en una actitud de fe, amor y servicio, para toda la vida.

Bien pudiera comentar sus contemporáneos: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo" (Le 7, 16). "El pueblo de los que caminaban en la noche, divisaron una luz grande..." (Is 9, 1). La vocación y misión de Edmundo constituyó, en comienzos del siglo XIX, un asombroso

Este hombre, recio y firme, noble y generoso, abre su corazón al Dios de la humanidad y le deja entrar en lo más profundo de su ser y de su vida. Porque Edmundo ha sentido y palpado dentro el amor de Dios y el clamor estridente de su pueblo, postrado en la miseria. Con los ojos cerrados, solo en su noche de profundo encuentro con el Padre, toma una decisión magnánima, y camina apoyado en el bordón tosco y desnudo de su fe. Este hombre, este exitoso comerciante y empresario, este Gigante de la historia irlandesa sólo sabe decir, con toda su carga y sinceridad proféticas: "Aquí estoy; Señor", y de ahí en adelante su pasión es cumplir la voluntad de Dios.

La seriedad evangélica de Edmundo posee un aura de ternura y de encanto porque está profundamente imbuida de alegría, delicadeza, cortesía y humor. Hay en él una

 

un asombroso signo de esperanza. Irlanda en esta triste época de su historia, era un país asolado por las guerras, conquistado y oprimido, postrado por la pobreza, agotado por el hambre y el sufrimiento, desprovisto de derechos - un país humillado y sin esperanza y cuyoespíritu estaba abatido y casi roto. Poco se manifestaba de la otrora raza celta, valiente y dotado, de un país que una vez se llamaba "La isla de los Santos y Sabios", cuyos misioneros evangelizadores recorrieron gran parte de Europa, y cuyos artistas y artesanos legaron al mundo joyas y tesoros de admirable belleza. Sí, Irlanda estaba tremendamente decaída.

"Yavé puso sobre mí su mano, y su Espíritu me llevó, dejándome en una llanura llena de huesos. Me hizo pasar en todas direcciones en medio de ellos: los huesos, completamente secos, eran muy numerosos sobre la

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