Conclusión

Jesús comenzó a crear el nuevo Pueblo de Dios desde el núcleo'comunitario de sus doce discípulos, haciendo alusión al pueblo primero en sus comienzos de doce tribus. En un momento de crisis, el pueblo, alienado de sus raíces, Jesús volvió a llevarles hacia ellas para devolverles su vida propia y su identidad.b Desde estas raíces fue posible recuperar la capacidad de soñar y colaborar con un futuro nuevo, ya que la capacidad de mirar hacia el pasado es la misma con la que se mira hacia delante. Jesús, desde el horizonte de la casa grande, casa del Padre, comenzó con la casa chica.

E1 caminar de Jesús con los discípulos de Emaús nos devuelve la conciencia que la renovación hoy depende esencialmente de lo que se vive en la casa chica

 

Quizás la raíz más fuerte de la V R. entre las múltiples que necesitamos cultivar para mantener el equilibrio en medio de la borrasca actual y no tumbarnos, es nuestro bautismo en el misterio de la Muerte y Resurrección de Jesucristo. También son importantes las otras raíces como la de los fundadores y fundadoras de nuestras Congregaciones con sus carismas particulares, como la de los Padres del Desierto que querían recuperarlos valores humanos que se habían perdido en la vida de los cristianos al oficializarse la Iglesia como religión única del Imperio Romano. Otra raíz importante es la de los profetas místicos de la historia del Pueblo de Jesús los que - frente al sufrimiento de su pueblo- defendieron el proyecto alternativo de convivencia, Proyecto del Dios del Pueblo, contra el imperialismo que siempre infiltraba. Otra raíz en este Continente Abya Yala, cuya tierra recorremos y habitamos, son los chamanes con su intensa vida espiritual que sostiene y recrea permanentemente la comunión y el equilibrio de su comunidad.

de acompañamiento y solidaridad, de inclusión de los marginados y excluidos en el compartir, de renovación en la resistencia y de hacer relecturas -en situaciones límite- del gran sueño de la casa grande, y de profundización en las raíces para poder abrir horizontes inesperados.

Chocamos en todas las áreas de nuestra vida humana con una situación de crisis, crisis que afecta a todas y todos. Cada crisis obliga replantear de fondo una situación

 

La enculturación de la vida religiosa en su mística y su profetismo, tradición milenaria de estas tierras, es otra tarea pendiente. Frente a un sistema neoliberal de libre mercado, de un capitalismo feroz y de un consumismo de felicidad total, sistema que fabrica cada día más pobres y más individualistas, es importante rescatar los valores humanos que están en juego. Estos valores humanos que se están perdiendo, se recupera con el camino pascual, el que Jesús mismo interpreta en sus efectos como dolores de
parto antes del nacimiento de una vida nueva (Jn 16,21).

aparentemente sin solución. Jesús enseña a los discípulos de Emaús que en estos momentos hay que volver a las raíces. Desde ellas recibiremos otro enfoque que nos abrirá un nuevo horizonte. Lo necesitamos ya que nos posibilitará la búsqueda de alternativas. No olvidemos que los mismos orígenes son producto de una crisis que les creó. Así que la misma Vida Religiosa es hija de una crisis y por lo tanto debería ser experta para esta situación.

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6 cf. Is 51,2. Así lo señala el profeta Isaías Junior en el exilio a los compatriotas afligidos cuando les hace volver a mirar la casa sufrida de abrahán y Sara, casa chica desde donde nació todo un pueblo con una fe de mil pruebas de aquella pareja

 

Y si creemos verdaderamente que es posible una Vida Religiosa Nueva, es porque nos hemos hecho firmes en la promesa del Señor, pronunciada en situación de crisis: "Mira que hago un cielo nuevo y una tierra nueva" (Apc 21,5). Con ese horizonte abierto queremos caminar y buscar, sabiendo que Él nos acompaña como a los discípulos de Emaús. El no dijo: "YO soy la LLEGADA", sino el dijo: "YO soy el CAMINO".






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