usted hubiera sido impresionado ante mi corona de oro y mi apariencia real. Pero de esa manera nunca hubiera sabido lo que, de verdad, está en su corazón. Así que vine como mendigo, sin derechos sobre usted, esperando encontrar compasión en su corazón. Y he

descubierto, alegremente, que usted ama verdaderamente a Dios y a su prójimo. De manera que usted ocupará el trono. Usted tendrá mi reino."

"Les aseguro --dice el Señor-- que cada vez que lo hicieron con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicieron. Vengan, ustedes, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo." Mt 25, 40. 34










 

 

La participación activa en la ora­ción: un signo de la Espiritualidad de ser Hermano.
Hno. Hugo Cáceres, Lima

Unos jóvenes se aproximan a encender las velas desde el cirio central; cada uno ha permanecido en silencio mientras la suite n° 3 de Bach llenaba el ambiente de deseo de Dios. Cuando todas las velas han sido encendidas, puedo ver los rostros brillar con una luz nueva. Cada joven vuelca en algunas palabras su anhelo de perseverar en una vida cristiana más coherente. En el momento de la reconciliación se estrechan en abrazos sinceros, se disculpan por sus errores y piden a Dios que les dé un corazón nuevo... esta liturgia participativa ha logrado que cada joven experimente su individualidad y el lazo que lo une a los demás, pero sobre todo la comprobación de la cercanía de Dios en este pequeño grupo. Estos muchachos son mis alumnos, jóvenes comunes y corrientes que participan en un grupo de oración en una escuela, para mí no es algo extraordinario tener estas experiencias en mi ministerio. Es parte de mi rutina enseñar a orar, es parte de mi ministerio de ser Hermano.

En mi vida de Hermano Cristiano he visto pasar muchos grupos de jóvenes por la capilla del colegio y tengo la certeza que al ser testigo de estas sesiones de oración estoy en contacto con una aspiración y mandato de la Congregación en su último Capítulo: profundizar en nuestra vida y apostolado los rasgos de la Espiritualidad de ser Hermano.

Muchos miembros de la Familia del Beato Edmundo Rice reconocen que los Hermanos Cristianos tenemos el don de conducir a los grupos hacia formas de orar que favorecen la cercanía entre los individuos, el misterio de Dios y la dimensión comunitaria o eclesial. Al experimentar estas realidades el orante experimenta una participación activa en el sacramento de la presencia de Dios entre sus hermanos y hermanas.

En mi propio apostolado como profesor de religión, acompañante de grupos y director de retiros he experimentado este hecho: nuestra vocación de Hermanos nos acerca de un modo particular a la vida de las personas en quienes reconocemos la presencia de Cristo. Esta afirmación tan simple es la verdad teológica que fundamenta la calidad de nuestras liturgias: "Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Los Hermanos como miembros del Pueblo de Dios y por la riqueza de su experiencia personal de oración están llamados a afirmar y

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