
Campamento Edmundo Rice Como cada año nos pusimos las pilas y preparamos el campamento. Pero este año fue diferente porque ya no esta con nosotros el Hno Eduardo quien había iniciado el campamento de niños en el año `97 y que año tras año se ha ido realizando. Pero todo tiene que seguir su curso y continuamos con el trabajo. Recorrimos las diferentes zonas del Bañado Tacumbú buscando a los niños que más necesitan de unas vacaciones que sus padres no pueden darles por la situación económica en la que viven. Llegó esa semana tan esperada por los niños, todos estaban desde muy temprano esperando subirse al ómnibus, pero había alguien más ansioso que todos: Alfredo, un joven en silla de ruedas que a su 18 años salió de paseo 2 ó 3 veces en su vida. Nadie se puede imaginar la alegría que se reflejaba en su rostro. Cuando llegamos en la casa de campamento dimos las indicaciones necesarias para que todo salga como lo habíamos preparado. También nos acompañó el Hno Carlos y como responsable el Hno Miguel Braulio. Fue una semana especial pero el momento más esperado por todos siempre era la piscina en donde jugaban y algunos aprendieron a nadar - cosa que yo no pude hacerlo hasta hoy día. Lo más lindo de los chicos es que armaban y desarmaban su propia fiesta, con música o no ellos bailaban, cosa que les encantaba hacer y lo hacían en cualquier momento que podían. Así fue esa semana lleno de baile, dinámica, deportes, cantos, juegos y por sobre toda las cosas de darles mucho cariño que es lo que necesitan. En resumen lo pasamos muy bien. |
El Rey Mendigo (una leyenda irlandesa) Hno. Patricio Pavne. Moyobamba Érase una vez, según la leyenda, cuando Irlanda se regía por reyes, un rey que no tenía hijos. Por lo tanto, envió a sus mensajeros para que fijaran avisos a los árboles en todos los pueblos del reino. Los avisos informaban que todo joven varón capacitado debía aplicar a una entrevista con el rey como posible sucesor al trono. Pero todo candidato debía reunir dos requisitos en particular: AMAR A DIOS Y AMAR A SUS SEMEJANTES. El joven de nuestra leyenda vio los avisos y consideró que sí, con toda sinceridad, amaba a Dios y a sus hermanos y hermanas. Pero era tan pobre que no tenía vestimenta apropiada para presentarse ante el rey. Tampoco disponía de recursos y provisiones para emprender el largo viaje al palacio real. De modo que mendigó y pidió prestado hasta que tenía suficiente dinero para comprarse lo que precisaba para ir a ver al rey. Finalmente se puso en camino, con gran expectativa, y había llegado casi al final del viaje cuando se topó con un mendigo pobre al borde del camino. El mendigo se sentaba, andrajoso, temblando del frío. Con sus brazos extendidos, suplicaba ayuda. Su voz débil, que apenas podía oírse, pedía El joven transeúnte se conmovió tanto ante la necesidad del mendigo que, de inmediato, se quitó la ropa nueva, intercambiándola por los harapos del pobre. Y, sin vacilar, le entregó también todas sus provisiones. Sin duda alguna, el joven amaba a Dios y amaba al prójimo. "Usted... fue el mendigo al borde del camino." |
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