En septiembre 2004 llegaron Alejandro Sciarra, Martín Scheiner, Florencia Surraco, Gabriela García, Mercedes Pittamiglio, Guzmán Rodríguez, Ignacio Capurro, Ignacio Miraglia, Rodrigo Jiménez, Florence Cook, Gonzalo Irigoyen, Juan Pintado, Jorge Meoni y el Padre Jorge Presentado para vivir en el Bañado y para prestar un pequeño servicio durante su estadía.
Vinieron para ver cómo es vivir excluidos de la sociedad, para sentir un poco ser marginados. Antes de terminar sus estudios, su preparación para la vida, quisieron aprender ¿cómo vive la otra mitad del mundo? No tenía nada que ver con el turismo, el salir de su país, entrar en una cultura diferente, como es la cultura guaraní y sentir su propia fragilidad entre la gente que tienen tantos dones, pero le falta la plata.
La preparación para la visita quedó en manos de los Catequistas Juan Pintado y Gonzalo Irigoyen. Los Hermanos Eduardo, Juancito, Patricio y Miguel juntos con un grupo de maestras de La Escuelita y Catequistas que forman el grupito Familia Edmundo Rice les acompañaron especialmente para reflexionar sobre la experiencia de cada día. La respuesta del Bañado era excelente, un gran interés. Miryan Díaz, Asunción Servín, Gloria Caballero, Ignacia Martinez. Ricardo Riveros, Artemio Benitez, Gervacia Silvano, Marlene Valdez, Isoliano Caceres, Na Kata Franco les dieron la bienvenida a sus casas, y les ofrecieron la oportunidad de trabajar a su lado en La Escuelita , el Comedor Infantil, en los consultorios, en el Área de Créditos Solidarios, en la Panadería y en el Almacén de Consumo. Participaron en la Fiesta Patronal de San Miguel, se reunieron con el Movimiento Juvenil Bañado y se realizó un Festival Paraguay - Uruguay.
Entre los testimonios aparecen:
Queridos hermanos y hermanas del Bañado Tacumbu, como responsable del grupo que fue a visitarlos desde Montevideo debo decirles que estoy profundamente agradecidos. Las atenciones, el cariño, la responsabilidad con las cuales atendieron a los jóvenes me hicieron sentir confiado y tranquilo en todo momento. Los jóvenes que compartieron la experiencia volvieron felices, transformados.
Como persona que compartí sus vidas y quehaceres durante estos días maravillosos detx decirles que mi vida cambió. Esta experiencia fue liberadora, en muchos aspectos para mi. Quiero contarles que gracias a ustedes he vuelto a soñar. Que la esperanza se ha fortalecido. La dignidad, el coraje, la solidaridad con la que ustedes viven me recordaron que otro mundo es posible. Que la promesa del Resucitado de estar entre nosotros hasta el fin de los tiempos es real. Que los excluidos de este mundo guardan con celo un tesoro que si se perdiera la vida ya no tendría sentido.
Sueño con un mundo sin marginación ni exclusión. Sueño con un mundo donde todos compartamos la pobreza digna. Donde nadie sufra necesidades insatisfechas. Sueño con un mundo donde niños, jóvenes, adultos, ancianos, sean personas dignas construyendo en comunidad su destino. Sueño muchas cosas y las vuelvo a soñar como cuando era joven porque ustedes me hacen soñar. Desde lo mas profundo de mi corazón, gracias. |