BIENVENIDOS

Desde el 8 de enero del 2004 los Hermanos Cristianos en América Latina tienen una estructura de gobierno nueva. A raíz de reflexiones durante dos años, los Hermanos pidieron de las autoridades congregacionales para formar una Región en América Latina, uniendo la presencia en el Perú y en el Río de la Plata. La estructura nueva es para ayudar a los Hermanos en la misión, o sea para poder mejor servir en la tarea de evangelización de los jóvenes en el espíritu de Edmundo Rice.

Como una manera de mantener la comunicación entre los distintos grupos que forman parte de la gran familia de Edmundo Rice en el continente hemos decidido recuperar la revista “El Aljibe” que salió hace unos años. Que sea para todos una oportunidad para conocer otras realidades y para comprometernos cada vez mas en la globalización de la solidaridad. El Papa ha dicho que “Solidaridad no es un sentimiento superficial por los malos de tantas personas, cercanas o lejanas, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, por el bien de todos y de cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (SRS #32).

Estamos en tiempo de Cuaresma, tradicionalmente un tiempo de reflexión para los cristianos. Alguien recién me dijo que precisamos no solamente tiempo de “retiro” sino también tiempo de “avance”. Leyendo la revista queda muy claro que en ninguna manera estamos “retirándonos” de la realidad, sino metiéndonos cada vez más en el compromiso con el mundo que nos rodea: con los niños y jóvenes que son el futuro de nuestro mundo, con los temas de la injusticia y exclusión social, con el tema del medio ambiente que es tan relevante hoy día. Así debería ser, así estamos cumpliendo con el sueño de Jesús que vino “para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.

Por supuesto El Aljibe no puede incluir todo a la vez y la idea es que en las ediciones que vienen vamos a poder dar mas cobertura a otras partes de la Región , otros grupos y actividades. En este año 2005 el Colegio Stella Maris, por ejemplo, celebra 50 años educando la juventud de Uruguay.

Gracias a todos y todas que mandaron artículos y fotos. ¡El futuro de El Aljibe depende de ustedes!

Juan Casey
( juancasey65@yahoo.com )



¿Por qué la revista se llama “El Aljibe”?
 

En el pueblo de Callan en el sur de Irlanda nació Edmundo Rice en el año 1762. Su familia eran granjeras, gente del campo y tenía una casa cómoda cerca al pueblo.

Frente a la casa, como se ve en la foto, queda el poso de agua, el aljibe, que fue fuente de vida para generaciones de la familia Rice. Podemos imaginar a Edmundo en su juventud sacando agua con un balde del aljibe, ayudando a su madre que está cocinando en la cocina.

El poso de agua es una imagen bien bíblica también. A través de las escrituras encontramos el símbolo de fuente de vida.

Nuestra esperanza es que la revista “El Aljibe” sea fuente de vida y esperanza y compromiso para nosotros que vivimos el carisma de Edmundo en América Latina hoy. Como dijo Jesús a la Samaritana : “El que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo te daré se convertirá en un chorro que salta hasta la vida eterna”.


Compartiendo Nuestra Fe en Azul, Buenos José Santamarina

Terminando una nueva misión, esta vez en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires, varias sensaciones se renuevan en mi cabeza. Se mezclan todo tipo de sentimientos, desde nostálgicos hasta alegres, y quizás por eso se me hace difícil dar una definición de la misión, sacar conclusiones precisas... Sin embargo, más allá de esos pensamientos ambiguos, tengo una certeza: misionar es compartir nuestra fe. Esa es, sin dudas, la gran misión a la que estamos llamados los cristianos, y tal camino no podría emprenderse sino mediante la caridad, el encuentro verdadero con nuestros hermanos. Entonces, al practicar la caridad y compartir la fe , el resultado de la misión es uno sólo: se renueva la esperanza , tanto en nuestros cora zones como en aquellos de quiénes salimos al encuentro. Pero esos frutos de cada encuentro serían inexistentes si no fueran buscados en nombre de quien es el camino, la verdad y la vida : Jesús.

   

Así Jesús es quien nos invita a participar de una nueva misión cada año. Ya han pasado cuatro ciudades, y cada vez más jóvenes nos hacemos instrumentos del Señor para misionar, al menos durante diez días de nuestras vacaciones (este año, por ejemplo, fuimos 60 chicos). Para eso, claro, antes nos preparamos durante el año, con reuniones en las que organizamos detalles del viaje y de nuestras necesidades, pero, más que nada, fortalecemos nuestros cora zones a través de la oración comunitaria.
El tiempo nos hace comprender que la oración es el motor de la misión, y por eso mantenemos su práctica durante los diez días. Tenemos una oración a la mañana y otra a la noche, además de las misas diarias.

En esas oraciones de la noche, que sirven tanto para agradecer el día pasado como para pedir fuerzas para el siguiente, rezamos con dinámicas diferentes, relacionadas con la familia, con el sufrimiento en nuestras vidas, con nuestros propósitos para el futuro, etc. Dentro del ajetreo en el que a veces nos sumergimos en esos días, la oración de la noche nos devuelve la paz que necesitamos para asimilar las experiencias de misión.

Ya durante el día, a la mañana, nuestro grupo se divide: algunos salen a visitar casas, mientras otros organizar las actividades para niños. En las parroquias de Azul, por ejemplo, se reunían más de 160 niños. Intentamos, entre todos, ayudarlos en su catequesis primero, de acuerdo a las diferentes edades, y más tarde organizar juegos de toda clase, como fútbol o cantos y bailes. Es realmente alentador ver como los niños no sólo van integrándose junto con otros niños de su comunidad, sino que además van conociendo y acercándose a Jesús y a María. Todo el trabajo y el esfuerzo que nosotros tengamos que hacer para ellos se ve recompensado por la alegría que reflejan en sus sonrisas, por ese Jesús que cada uno de los niños lleva adentro.

Además del grupo de niños, hay un grupo que se encarga de los jóvenes, que suelen acercarse en menor número que los niños, pero que también son una parte significativa de nuestra misión. Con ellos compartimos nuestra fe desde posiciones más similares, entendiendo cada día que al compartir sus vivencias, cada joven puede enriquecerse escuchando a los demás y mirando las cosas desde nuevos puntos de vista. En los encuentros con los jóvenes también incluimos oraciones, y solemos terminar la semana de misión con una convivencia con ellos.

Cada uno de nosotros tiene un determinado trabajo para hacer que la misión salga lo mejor posible, aún sabiendo que el éxito de la misión no depende de nosotros, sino de Dios. Entonces, todos salimos al encuentro de la gente, todos visitamos las casas de los barrios asignados. Y cada visita es un resumen de la forma en que podemos compartir la fe. Al pasar a alguna casa y recibir el cariño de quienes viven allí, junto con un mate, comprendemos que la gente sale a nuestro encuentro abriendo sus cora zones y dejando que Jesús guíe nuestras conversaciones. Así entendemos que el éxito de la misión estará siempre asegurado por una fuerza inexplicable, sólo comprensible mediante la fe. Y así es que cada vez que terminamos una misión, llenos de experiencias nuevas, unas de alegrías, otras de tristeza, siempre encontramos una voz que nos llama a volver...

 
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