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En que se parece el Noviciado de los Hermanos Cristianos al canotaje de aventura…
Hugo Cáceres, (Lima)

Un día de excursión al mes es parte de nuestra rutina en el noviciado. Para celebrar el cumpleaños del Beato Edmundo Rice – 1 de junio – el siguiente domingo viajamos unas cuatro horas al sur de Lima para visitar un pintoresco valle llamado Lunahuana, enclave rodeado de viñedos, productor de nuestra exclusiva bebida nacional: el pisco. En los últimos años este lugar se ha hecho famoso por el canotaje o navegación en los tortuosos ríos que descienden de los Andes en botes de plástico, lo que provoca grandes emociones.




 

- Animarse a subir a una nave que nos conducirá a nuestro destino no sin sorpresas, alegrías, miedos y desviaciones. Pero no habrá viaje sin decisión de partir.

-Antes de subir, todos deben conocer qué es lo que va a ocurrir, identificar cuál es la función de cada remero y todas las voces de mando…pero sabiendo que en los escollos lo que salvará al grupo son la intuición profunda, el impulso del corazón, el amor por los demás…

- Todos los que se embarcaron, pertrechados con sus remos, cumplen una función específica pero todos deben escuchar la voz única del director, Jesús mismo.

-Los navegantes van protegidos con cascos y chalecos salvavidas, pero deben confiar que nada puede protegerlos más que la confianza ciega en el Señor, quien los invitó a iniciar el viaje.

Viendo el procedimiento con el que operan los directores de canotaje, vino a mi corazón una intuición: esta divertida experiencia es muy similar a la experiencia del Noviciado, es decir el tiempo destinado a la formación de un Hermano Cristiano antes de profesar sus votos.

Los ríos del Perú descienden rápidamente desde las montañas nevadas de los Andes; la nieve derretida se va abriendo camino entre rocas gigantescas – como huevos prehistóricos; en este descenso hay parajes óptimos para el canotaje, algunos tramos provocan emociones en que la producción de adrenalina se acelera, hasta, finalmente, llegar a los hermosos valles donde el agua discurre suavemente hasta llegar al mar.

 

En la vida espiritual el río ha sido una metáfora muy explotada para explicar el recorrido del alma hacia su encuentro con Dios: “nuestro ríos son los ríos, que van a dar a la mar que es el morir…” dijo Jorge Manrique. El cruce del Mar Rojo, Jesús caminando sobre la aguas o calmando la tempestad en el lago de Galilea son imágenes tradicionalmente vinculadas a la fe y a las pruebas propias del crecimiento espiritual. También la iglesia ha sido llamada la nave de Pedro, barca que navega por la historia no exenta de peligros y dificultades.

Observando las alegrías y trances de los novicios, que fueron también los míos en su momento oportuno, me atrevo a decir que la experiencia del noviciado es como:

 

- En las sorpresas del recorrido, todos deben remar en la misma dirección, con la misma intención – la del Evangelio - si no, la nave no sabrá dónde dirigirse.

- Si alguno cae al agua, el que lo va a recoger, primeramente, que se asegure a sí mismo, para que los dos no vayan a parar al agua.

-Cuando se llega a tierra firme, una gran alegría y paz inunda los corazones…




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