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50 años del Stella Maris –Contra viento y marea Pablo Vierci, (Montevideo )

Cumplir medio siglo, para una institución como el colegio Stella Maris , constituye una oportunidad para hacer un alto en el camino y reflexionar, hacia atrás y hacia delante, para encontrar la memoria y el desafío.

La experiencia resulta doblemente removedora para un ex alumno de la generación 1965, que hace cuarenta años abandonó el colegio, y, por estar comprometido en la redacción del libro conmemorativo de los cincuenta años, junto con un equipo multigeneracional y muy eficiente, debió hacer un viaje al pasado, cargado de recuerdos, sensaciones, presencias, hasta llegar al colegio de hoy e imaginar lo que será el de mañana.

 

Todos llevamos adentro, a veces sin saberlo, a la gente que nos ha impactado. En ocasiones ellos están como dormidos. Pero hasta hoy, nos es difícil a nosotros los del Christian hacer trampa. El colegio se le mete a uno en la mente y el corazón, porque tenemos un Brother o el sucesor de un Brother adentro de la cabeza que nos dice “don't cheat”, no hagas trampa, cuando el alma flaquea.

En ese mística, sin duda que influye la tragedia de los Andes. ¡Cómo no va a influir si ha sacudido al planeta entero! En el Stella Maris la teoría se puso a prueba a través de la práctica. La mística del Christian se explica, en buena medida, en cómo se desarrolló y concluyó la tragedia de los Andes.

Se pueden extraer varias conclusiones de esta travesía. Más que una sucesión de peripecias, la historia del Stella Maris parece una hazaña. Desde el inicio incierto, aquella idea audaz de 1955, al colegio le ha tocado vivir de todo, en un período durísimo y conflictivo de la historia del país. El Stella Maris se creó contra viento y marea.

A lo largo de este viaje de tantos meses, he reencontrado el colegio que conocía y he descubierto el que no conocía. Son lo mismo pero diferentes.

Hacer este viaje permite, además, adentrarse en la impronta, en la huella que dejó el colegio en sus ex alumnos, que deja en los actuales y que dejará en el futuro. Permite acercarse a su mística, ese fuego interior que mantiene unidos a grupos. No es fácil de definir. Pero cuando desaparece ese fuego, se escapa algo de su esencia y el grupo se tornara más vulnerable.




Se puso a prueba con los Andes y se afianzó la huella, porque estaba directamente relacionada con las características que el colegio inculcaba: esfuerzo, unión, liderazgo, predicar con el ejemplo, lealtad, nobleza, ir al máximo, no abandonar al caído.

Fernando Parrado y Roberto Canessa yendo a buscar la vida detrás de la montaña, para venir a buscar a sus amigos, salió del colegio, como ellos mismos lo volvieron a testimoniar en el evento conmemorativo del 15 de agosto de 2005. Esa imagen es universal, pero salió del colegio, germinó en él. Forma parte intransferible de nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia. Es una imagen que será clásica, porque pasará de generación en generación. Dos jóvenes yendo más allá de lo posible para buscar la vida y rescatar a sus amigos.



La mística crea una diferenciación difícil de igualar, porque es propia. En la mística de este colegio influyeron, en primer lugar, los Brothers, que vinieron al otro lado del mundo, sin hablar la lengua, los primeros en forma vitalicia, sin buscar ninguna gloria personal ni material, con el único objetivo de formar buenas personas.



 

Los cincuenta años son una oportunidad de reencuentro, de reflexión y redescubrir el colegio, con nuevas luces que iluminan áreas siempre diferentes. Un redescubrimiento particularmente gratificante, donde se torna claro que el lema del colegio (ad astra, a mi estrella, al máximo), sigue tan vigente como el primer día, cuando un puñado de Brothers llegó del otro lado del océano, sin nada más que la fuerza y la fe, con la única meta de ayudar a los otros.

     
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