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Misioneros en Asunción
Juan Pintado, (Montevideo)

Nuevamente por Asunción, en el Bañado Tacumbú, junto al Padre Jorge, a Florence y a "El Abuelo" Gonzalo. Por segundo año trajimos un grupo de alumnos de Stella Maris. Nueve fueron el año pasado, diez este año con una "repetidora".

 Que felicidad es acompañar a estos jóvenes llenos de ilusiones, de esperanzas y de deseos de comprometerse en la construcción del "Reino".
 Aquí hacemos un "curso" acelerado, los días son escasos y la semana se nos fue volando. Pero que "maestros" estas mujeres y estos hombres del Bañado que nos abren sus corazones, sus casas, su organización para compartir con nosotros, para darnos mucho y recibir lo que cada una de las muchachas y muchachos pueden ofrecer.

 Llegar hasta aquí no es fácil. El esfuerzo es importante. Vencer las resistencias, los miedos, las inseguridades y prejuicios tampoco lo es. Pero la felicidad reflejada en el rostro de los pobladores y de los "misioneros" hace que valga la pena seguir luchando para que este encuentro de culturas y realidades tan distintas nos deje ver que otro mundo es posible.

Orando..recreando los Salmos
Williams Távara, Asunción

 La oración del Antiguo Testamento encuentra su máxima expresión en los Salmos, el canto del corazón que se derrama ante Dios en la alegría y la pena, la tristeza y los momentos de gracia… pero este libro de la Biblia es también una invitación a expresarse con los mismos sentimientos, pero con nuestras propias palabras, de allí que muchos Salmos han sido recreados por autores modernos.

 

 

Oración buscando refugio

Señor y Dios nuestro, tú eres único y verdadero,
Ven…ven en mi ayuda que te necesito y me siento solo.
Yo, no encuentro socorro lejos de ti, amado Padre.
El ansia carcome mi piel y la preocupación me hace su presa.

Desde mi infancia, en tu amor encontré paz y felicidad,
desde que aparecí en el seno materno,
oí tu voz arrullándome.
Desde mi infancia escuché tus maravillas y quedé impresionado.
Me llamaste a tu presencia y me adentré sin vacilar.

Así como elegiste a Israel, de entre todos los pueblos
y a tus patriarcas de entre sus tribus,
así me elegiste a mí … yo bien lo sé.
Aún así, mi corazón se muestra inquieto y en duda,
¿por qué temo si tú me respaldas?

Señor, conozco tu bondad, misericordia y paciencia;
pero te ruego de todo corazón…
no me dejes solo en la prueba y adversidad.
Sin ti, ¿de qué me vale la vida?
¿De qué me sirve la autoridad y la riqueza?
¿De qué? Si estoy lejos de tu cariño, de tu amor…

Tú que conoces mi docilidad y mi temperamento,
Ten presente mi descontento por la gloria del malvado.
Que no ciña, ni mi cabeza, ni mi pecho insignias
que blasfemen tu nombre santo.
Mantenme a salvo y liberto de todo mal,
mi amado consuelo, mi Señor amigo.

Preteje mis labios del vino de la lujuria y el desenfreno,
Que los banquetes, no propicien mi gula…
Permite te tenga presente siempre, ¡oh! Señor,
en mi hermano hambriento y necesitado.

Acuérdate de mí, en mis días de aflicción,
cuando más negra la tormenta esté,
cuando la oscuridad me robe la luz.

Bríndame valor, Supremo Dios de dioses,
para mantenerme fiel en la adversidad.
Da a mis labios palabras
armoniosas y amables frente al enemigo.

Concede a mi orgullo, salida de mi corazón,
que no recurra a la venganza sino al diálogo,
que no recurra a la autoridad sino al acompañamiento
y sobre todo….
que no recurra al enojo sino a la concordia.

     
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