REGRESAR AL INDICE

nivelación con los chicos del colegio Mundo Mejor, los cuales también ejercen su pastoral, (quinto grado) y las profesoras de los niños nos dieron la razón. Al siguiente día en la tarde, conversamos con los profesores de (cuarto y quinto grados), y cada profesor nos iba a seleccionar tres chicos con las mismos dificultades de los anteriores y los cuales, como estudiaban en la tarde, asistirían en la mañana.

Muy temprano por la mañana estaban a la puerta de la escuelita, muy discretos, me miraban con curiosidad, les pregunte, “¿Cómo te llamas?” “¡Jefersson!” Respondió con la voz entrecortada, y “¿Tú?”... “¡Alex!”, se veían muy nerviosos y de pronto llegó un tercero, era José.

Era mi primer día de clases con Jefersson, Alex y José, chicos de quinto grado, con quines después de unas horas ya éramos grandes amigos. Frecuentemente asisten los tres, pero si a veces no llega uno de ellos es por cuestiones de trabajo, ellos deben colaborar con sus padres en el sostenimiento de sus humildes hogares.

Cierto día, ninguno de ellos llegaban aún, eran las 8:30 a.m. y no aparecían, decidí: “Iré a buscarlos” después de un tiempo, llegué a la casa de Alex, toqué la puerta y después de un rato salió él mismo“¿Qué pasó, te olvidaste?”, “No profe, tengo bastante tarea de ayer que la profesora me dio, y como no la entendí bien, estoy tratando de hacerla”… “¡Vamos!, yo te ayudo”… Muy contento Alex fue en busca de su cuaderno y enseguida salimos, procuramos avanzar hacia la casa de Jefersson, al llegar a su casa estaba casi listo y en unos minutos estuvimos de camino a la escuelita, era demasiado tarde y no hubo tiempo para ir a buscar a José.

Llegaron un poco retrasados con una de sus compañeras, su nombre es Nereida, ¡Bueno, ahora somos cuatro!... como ese día tampoco apareció José, entonces, decidí que, después de terminar las clases iríamos todos a buscarlo. Al llegar a su casa que estaba bastante alejada de la escuelita, conversé con su mamá y pude notar que tenían algunos problemas familiares en casa. José era castigado casi todos los días, él era desobediente y no estudiaba, me contó su mamá.

Con un poco de ayuda de mi parte, José está mejor pero los problemas continúan acechándolos. Otro día, uno como tantos, aún no llegaba ninguno de mis chicos, al salir a buscarlos, me encontré con Jefersson, estaba muy triste y pude notar una palidez en su rostro, indagando un poco sobre su estado, me dijo: “Mi papá murió hace tres días, fue atropellado,


 

ayer lo sepultaron”, guarde silencio, porque no sabía qué decirle, tampoco podía hacerle más preguntas, estaba preocupado por él y por la forma cómo tomaría esa gran perdida, le di algunos consejos y ánimos, se sintió mejor.

De camino a la escuelita, nos encontramos con un grupo de niños. Estaban ahí de pie mirándome, con los demás. “¿Estudian?”, les pregunté, unos me dijeron: “¡Sí, estamos en quinto!”, pero Pablo no me respondió, sino inclinó la cabeza y miró hacia el yermo. Y después de un momento, dijo: “Ahora no estudio, me quedé en segundo grado, trabajo limpiando carros”. Le pregunté si tenía ganas de aprender conmigo y con los demás chicos a los que enseño, muy alegre con una sonrisa me respondió: “¡Sí, ¿Cuándo?!” Hoy, ahora, le respondí.

Lamentablemente José ha dejado de asistir, Pablo está progresando; Alex, Jefersson y Nereida continúan con mucho entusiasmo y ganas.

En sus rostros se vislumbra la voluntad de Dios, nace en sus ojos la esperanza de un futuro prometedor, tal vez lleno de sorpresas que el destino les depara.

Al despedirme de ellos el viento sopla con intensidad, muere en sus rostros una brisa suave como la caricia de una madre a su pequeño, el sol los envuelve en sus abrasadores destellos, y el polvo se levanta e impregna las paredes, Dios está presente…









10